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30 de julio de 2010

Recuerdos, velatorios y alguna emoción indescriptible.

EN las noches en que la vigilia me mantiene en vela me cuestiono una incógnita: “Si yo muriera, ¿quién lloraría? Sé que es una pregunta extraña y que cavilar acerca de mi propia muerte no es el mejor método de relajarse antes de dormir, pero me intriga esta cuestión.

¿Quién lloraría en caso de hundirme yo en las profundidades del mundo de Hades?

Antes de todo, antes de exponer mi reflexión y dejarme llevar por mis delirantes pensamientos, aclararé un punto:
1. Nunca he perdido a nadie. Perdido en el sentido de morir, por supuesto. Ni un pariente, ni un amigo, ni una mascota. Nada. Nunca he llorado la muerte de alguien. Por eso mismo, no sé que se siente cuando se respira el perfume de la muerte en el aire. Siento recaer en un tópico pero es así, desconozco cómo late un corazón tras sufrir una pérdida. De modo que, todo cuanto expreso sobre el papel no son más que conjeturas y teorías acerca del dolor de la pérdida y sus consecuencias. Rezaré a un Dios inexistente para que mis ideas no aniden lejos de la realidad y, sobretodo, para que no hieran los sentimientos de quienes no comparte mi ignorancia.

Ahora, una vez dicho todo, que de por comenzada la función.

Imaginemos la escena. Un funeral. El mío. Que vuestra mente esboce los detalles del escenario ya que yo nunca he asistido a ningún velatorio y desconozco que es lo habitual. Imaginemos los personajes. Mis amigos, conocidos, compañeros y algún que otro desconocido, tal vez incluso alguien hacia quien no sentía simpatía. Y ahora, lo más importante, ¿cuántos y quiénes lloran? ¿Lloran muchos o lloran pocos? ¿Lloran mis más allegados o los conocidos? ¿Se trata de un llanto quebrado o interminable?

Hay quien califica el llanto como la máxima expresión del dolor. He de asumir, pues, ¿qué quienes más lloran, más me querían? Según el número de personas que sucumban al llanto, ¿averiguaré lo hondo que calé en todos ellos? ¿Puede el ser humano ocultar el afecto hasta el momento de la muerte, donde se ahoga en un mar de lágrimas y revela su cariño, traicionándose a sí mismo? Si confío en esta línea de pensamiento, ¿descubriré quién realmente sentía cariño hacia mi persona? ¿Estamos, pues, destinados a conocer este secreto una vez muertos, es decir, a no conocerlo jamás?

No a todo lo anterior. Excepto a la última cuestión.

Jamás sabremos el cariño que nos profesaban nuestros semejantes. El ser humano es el perfecto mentiroso y el maestro ocultador. Es capaz de camuflar el amor e incluso hacerlo parecer odio o rechazo. Es capaz de fingir el amor y de confundir y manipular los sentimientos afectivos del resto. Por lo tanto, el mayor secreto no es la fórmula de la Coca-cola ni el año en que llegará el Apocalipsis sino quien te quiere y de qué manera.

Y jamás conoceremos la respuesta, siquiera después de muertos.

Algún crédulo confiará de buena fe en que: “Quién te quiere, te lo dice y te lo demuestra”. Pero hay emociones que se hallan por encima de toda palabra, y esta es una de ellas. ¿O acaso hay palabras concretas para expresar lo que sentimos hacia cada persona? Las emociones son únicas, irrepetibles. Por parecido que sea un sentimiento, nunca compartiremos lo mismo con dos personas. ¿Vamos entonces ha emplear las mimas palabras para describir lo que sentimos por ambos? Los vocablos son torpes, generales y superficiales. Siquiera el lenguaje corporal es suficiente en ocasiones. No existe lenguaje para expresar las emociones correctamente y, por ello, jamás entenderemos lo que sienten los demás hacia nosotros. Tampoco sirven las lágrimas. No son más que otro pobre recurso para expresar algo que carece de modo de expresión.

No puedo hablar desde la propia experiencia pero he oído decir que lo primero que se siente ante la noticia de una muerte es una estática paralización. Durante ese tiempo estático, la mente, el cuerpo y el alma buscan el recurso más indicado para transmitir de manera fiel las sensaciones. El resultado varía en cada persona. No siempre es llorar. Hay personas que nunca lloran, personas que aunque fueran a partirse en dos del dolor, no derraman una sola gota. Personas a las cuales les han enseñado que llorar es propio de cobardes o personas que ya han derramado todas sus lágrimas. Y no por abstenerse del llanto, su dolor es menos real.

Según mi humilde opinión, el verdadero dolor no se experimenta inmediatamente. Tampoco al despedir al cuerpo del difunto. Opino desde el desconocimiento que la pérdida se empieza a sentir cuando uno regresa a la rutina. Es entonces, en cada detalle, en las cosas cotidianas, donde cuada cual se había acostumbrado a tener a esa persona junto a sí. En ese momento la pérdida se hace pesada y se comprende hasta dónde alcanzan los daños. Se trata de aprender a vivir la rutina de nuevo, de guardar la antigua en el ataúd de los recuerdos.

El apreciado difunto pasa de nuestra realidad a nuestra memoria. Y permanece allí, intacto, sin envejecer ni un solo segundo, idealizado sobre un pedestal de afecto. Un ser transformado en ilusión capaz de transmitir fuerza, valor, motivación. Un ser transformado en recuerdo, en memoria que honrar.

Llegado este punto tan sólo puedo decir que no necesito una respuesta a mi pregunta. No quiero saber cuantos llorarán mi pérdida. Tal vez no me guste la respuesta. Tal vez mi funeral esté vacío o muera en una cuneta alejada del mundo civilizado. O tal vez mi funeral esté lleno de plañideras desconocidas, de gente que asiste al velatorio por obligación.

No lo sé. No quiero saberlo.

Honestamente, ya no me importa quien me llore, sino quien me recuerde. Esos sí quiero que sean muchos. Quiero afectar a la rutina de mucha gente. Quiero ser imprescindible en algunos momentos, quiero que se me eche de menos.

Quiero ser transformada en recuerdo.

5 comentarios:

Arianne dijo...

Para no haber sufrido nunca una pérdida, no encuentro palabras para explicar cómo me he sentido al leer tu escrito. Es verdad, todas y cada una de las cosas que dices. Voy a sincerarme, y a decirte que he llorado leyendo ésto. Ésta vez me has llegado muy al fondo, así que no se te ocurra decir que es basura. Y sí, es más, afirmo y estoy segura, de que en tu funeral (esperemos que sea en MUCHO tiempo) si sigo viva, asistiré. Y lloraré, eso tenlo por contado :')

__( Secretario )__ dijo...

Yo no derramé lagrima alguna, nunca lo hice ni siquiera al sufrir una perdida grande hace 4 años.
En lugar de eso me torturaba, me ecaba la culpa y seguía adelante.

Aprendí a llorar hace un año y medio. No pasa un día sin que piense que la forma mas practica para librarme del dolor sea llorar. Te adoro María, no olvides nunca eso ^^

Mary Nightmare dijo...

Y que tú asistas a mi funeral será uno de los honores que no merezco recibir. Eres grande, Ari, una de las más grandes.
Arg, joder, nunca, nadie, me había dicho esto. Me dejas en un estado de sorpresa maravillosa. Mil gracias.
Y algún día iré a Palamós. Y te daré el abrazo que tú te mereces.

Mary Nightmare dijo...

Algún día tendrás que enseñarme a llorar por cosas importantes, kev. Ante tonterías parezco una fuente. Ante cosas realmente importantes, no sé llorar.
Representas algo muy especial, Kev, y me encantas. Lo sabes, no? :)

Anónimo dijo...

"Y no por abstenerse del llanto, su dolor es menos real."

Es cierto.

Yo ya he perdido a dos personas en mi vida, pero era demasiado pequeña para entender lo que significaba; el no volver a verlas, olerlas, tocar sus calvas o bien hablar sobre cuando ellos tenían mi edad...

Creo que con este breve párrafo doy por hecho que fui una más que se abstuvo al llanto.

Era demasiado pequeña para valorar la vida y a los que me rodeaban.

Y espero que ahora que sí se valorar esas cosas no tenga que pasar por esas situaciones. Ni tú, claro.

La verdad, no te has perdido nada que merezca la pena vivir... gente que ni conoces, diciendo que lo siente, que es una lástima, gente que no tiene idea alguna sobre lo que se siente.

Por no hablar de lo que sientes tú misma.

Desde mi escasa, pero inevitable experiencia, te diría que tarde o temprano, todos lo vamos a sufrir, tanto en nuestras propias carnes, como en las de los que nos rodean.

Que no te preocupe lo que pueda ser o será, si al final tú ya no estarás.

He aquí una que sí llorara el día de tu marcha.^^